lunes, 15 de junio de 2015

Columna: Alternativas para las pobres frutas y verduras descartadas

Por Natalie Devenin, Diseñadora Industrial y Master en Nuevos Hábitos Alimentarios
En el último tiempo se ven cada vez más campañas de concientización sobre lo que consumimos y lo que deberíamos consumir. Esta lucha en pos de nuestro propio beneficio nos explica qué tipo de alimentos necesitamos, qué porciones de frutas y verduras debemos consumir a diario y cómo podemos consumirla. En estos mensajes, las frutas y verduras siempre lucen de maravilla, muy coloridas, proporcionadas y bien formadas.
Al igual que como en todos los medios, se nos envía el mensaje que hasta las frutas y verduras estéticamente bellas son las elegidas y más deseadas. Pero, ¿qué pasa con esas frutas y verduras con un “aspecto poco agraciado”? ¿Acaso no son tan buenas para mi salud, ni tan perfumadas o sabrosas? Entonces, ¿qué pasa con ellas? ¿Simplemente son descartadas y se pierden? ¡Con todos los problemas de hambre que hay en el mundo!
Lo peor fue que no me había dado cuenta de este problema hasta que participé como voluntaria en una campaña de recolección de frutas y verduras que por distintos motivos fueron descartadas (sea porque no cumplían con un estándar para la venta o porque su período de cosecha fue tardío u otro motivo). Estos alimentos fueron utilizados para hacer una cena comunitaria gratuita, a modo de fiesta.
Así fue como Disco Soupe (en Nantes, Francia) me sensibilizó ante esta realidad. Si bien para mí no es un problema comprar una fruta o verdura de aspecto irregular en el mercado o la feria, muchos van a preferir ir al supermercado y comprar una de mejor aspecto para no tener que lidiar con estas “hermanastras de Cenicienta”.
La mayoría de las veces vamos al supermercado en vez de a la feria por motivos de tiempo y accesibilidad. Así nos vamos acostumbrando a ver frutos perfectos, posiblemente menos aromáticos pero con una anatomía digna de calendario (de frutas) y asumimos que ese es el estándar, por lo tanto, una fruta o verdura más fea podría ser sinónimo de “mala calidad” o incluso podría hasta causar un poco de repulsión llevársela a la boca.
¿Y qué pasaría si estas frutas y verduras feas invadieran nuestros supermercados? Más aun, ¿qué pasaría si éstas no sólo se apoderaran de las góndolas, sino que también las vendieran más baratas que las frutas “guapas”? Pues así pasó recientemente en Francia, gracias a la campaña lanzada en los supermercados Intermarché, enfocada en luchar contra la pérdida de alimentos (ver vínculo), gracias a que la Unión Europea declaró al 2014 el año de lucha contra la pérdida de alimentos.
Esta campaña (realizada por una de las cadenas de supermercado más importantes de Francia) tuvo resultados impresionantes. Comenzaron comprando las frutas y verduras no calibradas a los productores, luego definieron un área con sus propias góndolas, comunicación y etiquetado, remarcando con humor su carácter de “feas” y bajaron su precio un 30% en comparación a los de un aspecto estándar.
Para dar más confianza a los posibles compradores, diseñaron envases y prepararon sopas y jugos para repartir en los supermercados, todos hechos con estas frutas y verduras descartadas para demostrar que el sabor y sus propiedades son las mismas. El resultado fue un éxito inmediato: 1,2 toneladas vendidas por sede sólo en los dos primeros días y 24% más de afluencia por supermercado. Esto logró poner el tema en discusión y generar gran revuelo mediático.
Como plantea Tristram Stuart en su libro ‘Despilfarro, el escándalo global de la comida’ (2009), <<los supermercados imponen altos “estándares estéticos” para los productos frescos que conllevan el desperdicio de alimentos>>, lo que implica un alto porcentaje de frutas y verduras descartadas. <<Sin embargo, los consumidores están dispuestos a comprar productos heterogéneos siempre y cuando el sabor siga intacto>>.
Gracias a campañas como la del supermercado Intermarché, esto queda comprobado, y campañas como Disco Soupe ya están haciendo ruido alrededor del mundo. Incluso se realizó un primer evento en Santiago (Chile) a fines del año pasado. Pero al ser este tipo de eventos algo tan reciente y poco masivo, este gran problema de los alimentos descartados -por no cumplir un estándar y que por “feos” terminan en la basura-, sigue siendo un problema a nivel mundial.
Mientras más se hable del tema, más se viralizarán estas alternativas y nuevas soluciones se gestarán. Por ahora, algo de ruido se está haciendo y queda en nuestra responsabilidad el difundir y actuar.
Citando las palabras de la FAO en el estudio realizado para el Congreso Internacional Save Food! (2011): “En un mundo con recursos naturales limitados (tierra, agua, energía, fertilizantes, etc) y donde es necesario encontrar soluciones coste-efectivas para producir suficientes alimentos inocuos y nutritivos para todos, reducir las pérdidas de alimento no debería ser una prioridad en el olvido”.

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