Desarrollan variedades de frambuesas para mejorar la competitividad

Proyecto presentaría los primeros resultados el 2016

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile,  INIA a través de su Centro Tecnológico de Berries en la Región del Maule, está trabajando hace 4 años en conjunto con la Universidad Católica de Chile en un proyecto de mejoramiento genético para frambuesas, que tiene como objetivo encontrar alternativas a las variedades que hoy se cultivan, ya que estás no siempre se adaptan bien al clima o suelo de las zonas productivas.

En exclusiva para www.portalfruticola.cl, hablamos con el líder del proyecto Dr. José Patricio San Martín, quien comentó cuál es la necesidad de crear nuevas variedades para la industria y el valor social que tiene este tipo de cultivo para la agricultura familiar.

Frambuesas en manos de pequeños
Chile es el principal productor de frambuesas del Hemisferio Sur y ocupa el tercer lugar a nivel mundial. Los cultivos están en su mayoría (80%) en la Región del Maule, que además es una de las zonas con más alto índice de pobreza en el país, según comenta San Martín.

“La región del Maule no es una de las que tiene más recursos y el cultivo de frambuesas es muy importante para la zona, ya que esta principalmente está en manos de pequeños agricultores. Dentro de las 13.000 hectáreas destinadas a este cultivo hay 16.000 productores y eso significa que cada productor tiene una superficie muy pequeña de aproximadamente media hectárea”, comenta.

“Son muchos los pequeños agricultores que dependen de este cultivo, ya que generan ingresos a la agricultura familiar. Como este es un cultivo que demanda mucha mano de obra, los grandes empresarios no pueden trabajar grandes superficies porque en promedio necesitas a 30 personas por hectárea en la cosecha y es un costo muy alto. Existen productores grandes, pero son una minoría”.

De la producción total de frambuesas, entre un 80 a 90% se exporta como congelado, debido a las grandes distancias que debe recorrer la fruta para llegar a los mercados, principalmente a Norteamérica con un 80% y el resto a Europa.


Sin embargo, según José Patricio los precios de la frambuesa congelada pueden ser bastante inestables y afecta fuertemente a la rentabilidad, mientras que los precios de la frambuesa fresca son más estables y demandados.
Es por esto que se genera la necesidad de investigar y desarrollar nuevas variedades que permitan exportar en fresco, sin disminuir la calidad del fruto.

Mejoramiento genético y desafíos para la industria
El experto comenta que la necesidad de invertir en investigación y desarrollo de nuevas variedades es una tendencia que viene desde hace una década y media atrás, todo como consecuencia de la patentación de variedades que obligó a los productores a crear variedades propias para cultivar y comercializar sin tener que pagar derechos de licencias.

“Desde hace unos 8 años que se ha dado la tendencia que el Estado ha entregado dineros para el mejoramiento genético, ya sea en carozos, cerezas, duraznos, manzanas, uvas, kiwis, etc. La idea es hacer más competitiva a la agricultura chilena y la generación de variedades propias nos ayuda a lograr eso”.

Para el investigador del INIA depender de variedades extranjeras haría que Chile perdiera competitividad y es por eso que el Estado se ha involucrado tanto en este tipo de proyectos.

“Meeker es la mejor variedad para congelados, pero esta variedad no se cultiva bien en la zona netamente productiva de frambuesas que es la Región del Maule, debido a que necesita temperaturas más bajas. Es por esta razón que necesitamos crear una variedad que se adapte al clima del Maule y así mejorar nuestra producción para congelados”.

Respecto a la variedad que los agricultores utilizan actualmente, San Martín dice que es muy antigua y no cumple con los estándares de calidad que requiere hoy el mercado.

“En las zonas de las regiones Metropolitana, Maule y Bio Bio se cultiva mayoritariamente Heritage, que es una variedad de los años 60′ y que se da perfecto en la zona, sin embargo, es una variedad estándar, media en tamaño, media en sabor, media en aroma, media en la posibilidad de congelarla, pero tiene la gran gracia de que es una variedad rústica, “carne de perro”, que se adapta muy bien a los sistemas de los agricultores que no tienen tanta tecnología”.

También el investigador agrega que se intentó introducir la variedad Tulameen, que tiene excelente tamaño, sabor y calidad, pero que los productores tuvieron muchos problemas porque era muy delicada y propensa a enfermedades.

El programa está trabajando actualmente con 25 variedades y cada año se va agrandando más el banco parental, donde se cruzan las variedades para iniciar el periodo de selección luego de que las plantas entregan los primeros frutos.

“Nosotros necesitamos producir para esta zona una variedad de mejor calidad, como la Meeker y Tulameen, pero con la rusticidad de la Heritage. La idea es en un mediano a largo plazo tener variedades que se adapten a la realidad chilena, ya que la mayoría de las variedades vienen de un suelo diferente, climas diferentes, generalmente continental, mientras que acá es más mediterráneo”.

“Lo ideal es que la fruta tenga un buen tamaño, aroma y sabor, debe ser resistente a las enfermedades más importantes y tiene que ser firme, con buena textura, de manera que esta fruta ojalá nos sirviera para fresco, que resista el almacenaje y el viaje”, detalló.

Respecto a la industria, José Patricio dice que este tipo de cultivo debería ser prioridad, porque cumple una función social, al tener involucrados a un alto porcentaje de pequeños agricultores y además es un producto de excelente calidad que cada día es más demandado a nivel internacional.

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